Financiación basada en ingresos: cómo las tiendas financian su inventario sin congelar su caja

Descubre cómo los retailers omnicanal usan la financiación basada en ingresos para financiar stock, proteger su fondo de maniobra y crecer sin deuda bancaria rígida.

Descubre cómo los retailers omnicanal usan la financiación basada en ingresos para financiar stock, proteger su fondo de maniobra y crecer sin deuda bancaria rígida.

Konrad Plechowski

Konrad Plechowski

Senior Product Manager para Mollie Capital

Imagen de blog que muestra varias cajas

La financiación basada en ingresos es un anticipo que devuelves como un porcentaje de tus ventas diarias, en lugar de en cuotas mensuales fijas. Para un negocio minorista resuelve un problema muy concreto: cómo comprar stock antes de haberlo vendido sin vaciar la cuenta que necesitas para todo lo demás.

Porque esa es la situación en la que se encuentran la mayoría de los negocios minoristas en crecimiento. Un proveedor puede pedir un 30 % por adelantado para iniciar la producción y el 70 % restante antes de que el contenedor salga de la fábrica. Ese dinero desaparece por completo meses antes de vender la primera unidad. Y mientras tanto, las nóminas siguen pendientes de pago, el marketing sigue necesitando presupuesto y el pedido de la próxima temporada ya se está negociando.

Esto no es señal de que tu negocio vaya mal, sino de que tu efectivo está haciendo exactamente lo que exige un modelo minorista basado en stock: salir pronto y volver tarde. El problema es que, mientras está fuera, no puedes usarlo para nada más.

En este artículo analizamos por qué el stock absorbe tanto efectivo, cómo se compara un ciclo de inventario financiado frente a uno sin financiar, y cómo la financiación basada en ingresos cambia los tiempos.

La financiación basada en ingresos es un anticipo que devuelves como un porcentaje de tus ventas diarias, en lugar de en cuotas mensuales fijas. Para un negocio minorista resuelve un problema muy concreto: cómo comprar stock antes de haberlo vendido sin vaciar la cuenta que necesitas para todo lo demás.

Porque esa es la situación en la que se encuentran la mayoría de los negocios minoristas en crecimiento. Un proveedor puede pedir un 30 % por adelantado para iniciar la producción y el 70 % restante antes de que el contenedor salga de la fábrica. Ese dinero desaparece por completo meses antes de vender la primera unidad. Y mientras tanto, las nóminas siguen pendientes de pago, el marketing sigue necesitando presupuesto y el pedido de la próxima temporada ya se está negociando.

Esto no es señal de que tu negocio vaya mal, sino de que tu efectivo está haciendo exactamente lo que exige un modelo minorista basado en stock: salir pronto y volver tarde. El problema es que, mientras está fuera, no puedes usarlo para nada más.

En este artículo analizamos por qué el stock absorbe tanto efectivo, cómo se compara un ciclo de inventario financiado frente a uno sin financiar, y cómo la financiación basada en ingresos cambia los tiempos.

La financiación basada en ingresos es un anticipo que devuelves como un porcentaje de tus ventas diarias, en lugar de en cuotas mensuales fijas. Para un negocio minorista resuelve un problema muy concreto: cómo comprar stock antes de haberlo vendido sin vaciar la cuenta que necesitas para todo lo demás.

Porque esa es la situación en la que se encuentran la mayoría de los negocios minoristas en crecimiento. Un proveedor puede pedir un 30 % por adelantado para iniciar la producción y el 70 % restante antes de que el contenedor salga de la fábrica. Ese dinero desaparece por completo meses antes de vender la primera unidad. Y mientras tanto, las nóminas siguen pendientes de pago, el marketing sigue necesitando presupuesto y el pedido de la próxima temporada ya se está negociando.

Esto no es señal de que tu negocio vaya mal, sino de que tu efectivo está haciendo exactamente lo que exige un modelo minorista basado en stock: salir pronto y volver tarde. El problema es que, mientras está fuera, no puedes usarlo para nada más.

En este artículo analizamos por qué el stock absorbe tanto efectivo, cómo se compara un ciclo de inventario financiado frente a uno sin financiar, y cómo la financiación basada en ingresos cambia los tiempos.

La financiación basada en ingresos es un anticipo que devuelves como un porcentaje de tus ventas diarias, en lugar de en cuotas mensuales fijas. Para un negocio minorista resuelve un problema muy concreto: cómo comprar stock antes de haberlo vendido sin vaciar la cuenta que necesitas para todo lo demás.

Porque esa es la situación en la que se encuentran la mayoría de los negocios minoristas en crecimiento. Un proveedor puede pedir un 30 % por adelantado para iniciar la producción y el 70 % restante antes de que el contenedor salga de la fábrica. Ese dinero desaparece por completo meses antes de vender la primera unidad. Y mientras tanto, las nóminas siguen pendientes de pago, el marketing sigue necesitando presupuesto y el pedido de la próxima temporada ya se está negociando.

Esto no es señal de que tu negocio vaya mal, sino de que tu efectivo está haciendo exactamente lo que exige un modelo minorista basado en stock: salir pronto y volver tarde. El problema es que, mientras está fuera, no puedes usarlo para nada más.

En este artículo analizamos por qué el stock absorbe tanto efectivo, cómo se compara un ciclo de inventario financiado frente a uno sin financiar, y cómo la financiación basada en ingresos cambia los tiempos.

¿Qué es la financiación basada en ingresos?

La financiación basada en ingresos funciona así: recibes un anticipo y lo devuelves como un porcentaje fijo de tus ventas diarias hasta liquidar el total acordado. Sin interés compuesto ni cuota mensual fija: cuando vendes más, devuelves más rápido; cuando vendes menos, devuelves menos.

La forma de evaluar la elegibilidad también es distinta. En lugar de analizar años de cuentas presentadas, el proveedor observa cómo opera realmente tu negocio: volumen de pagos, patrones de clientes y ritmo de venta del stock.

La financiación basada en ingresos funciona así: recibes un anticipo y lo devuelves como un porcentaje fijo de tus ventas diarias hasta liquidar el total acordado. Sin interés compuesto ni cuota mensual fija: cuando vendes más, devuelves más rápido; cuando vendes menos, devuelves menos.

La forma de evaluar la elegibilidad también es distinta. En lugar de analizar años de cuentas presentadas, el proveedor observa cómo opera realmente tu negocio: volumen de pagos, patrones de clientes y ritmo de venta del stock.

La financiación basada en ingresos funciona así: recibes un anticipo y lo devuelves como un porcentaje fijo de tus ventas diarias hasta liquidar el total acordado. Sin interés compuesto ni cuota mensual fija: cuando vendes más, devuelves más rápido; cuando vendes menos, devuelves menos.

La forma de evaluar la elegibilidad también es distinta. En lugar de analizar años de cuentas presentadas, el proveedor observa cómo opera realmente tu negocio: volumen de pagos, patrones de clientes y ritmo de venta del stock.

La financiación basada en ingresos funciona así: recibes un anticipo y lo devuelves como un porcentaje fijo de tus ventas diarias hasta liquidar el total acordado. Sin interés compuesto ni cuota mensual fija: cuando vendes más, devuelves más rápido; cuando vendes menos, devuelves menos.

La forma de evaluar la elegibilidad también es distinta. En lugar de analizar años de cuentas presentadas, el proveedor observa cómo opera realmente tu negocio: volumen de pagos, patrones de clientes y ritmo de venta del stock.

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La trampa de liquidez del stock: por qué el inventario consume efectivo más rápido de lo previsto

Lo incómodo del stock es que es un activo que se comporta como un gasto. Aparece en tu balance con buen aspecto mientras no hace absolutamente nada por tu capacidad de pagar una factura.

Y cuando haces un pedido de stock, ocurren tres cosas:

  • El dinero sale pronto. Un depósito del 30 % para iniciar la producción, el 70 % restante antes del envío y, después, el transporte y los aranceles. A menudo pasan entre tres y cinco meses desde la primera venta hasta que se liquida la última factura.

  • Todo lo demás se resiente. El efectivo inmovilizado en un contenedor es efectivo que no puedes usar para una campaña, una contratación o un segundo turno en el almacén. Los gastos no se detienen mientras esperas a que llegue el stock.

  • El crecimiento avanza a trompicones. Si tu próximo pedido depende de que se venda el anterior, siempre pides tarde, y así es exactamente como acabas sin stock justo en la semana de máxima demanda.

Sjoerd Huisman, Head of Product Management en Mollie, lleva dos décadas diseñando productos financieros para negocios europeos y escucha una versión de este problema constantemente.

«Los negocios con los que hablo no lo están pasando mal», explica. «Crecen rápido, son ambiciosos y tienen oportunidades reales delante. El problema siempre es el calendario: el dinero tiene que salir antes de volver a entrar, y en ese desfase es donde se atasca el crecimiento».

Cuenta el caso de un minorista cuyo marketing funcionaba casi demasiado bien. Las campañas en torno a fechas clave disparaban los pedidos, pero no había efectivo suficiente para mantener el stock necesario, así que las entregas se retrasaban y las reseñas empezaron a ser negativas. La demanda era real, pero el stock no daba abasto.

Un pedido de 100.000 € en 120 días: con y sin financiación basada en ingresos

La forma más clara de ver qué cambia es comparar el mismo pedido financiado de dos maneras distintas.

Imagina que haces un pedido de stock de 100.000 €; planeas destinar 20.000 € a marketing de captación en el día 90 para impulsar las ventas, y el stock acaba generando 400.000 € en ventas.


Financiado con tu propio efectivo

Financiado con financiación basada en ingresos

Días 1-60 (Formalización del pedido)

100.000 € salen de tu cuenta para depósitos y saldos de envío. Tu liquidez cae en el total del importe antes de que nada esté en la estantería.

Los 100.000 € proceden del anticipo. Tu propio saldo se queda donde está.

Día 90 (Campaña de marketing)

Gastas otros 20.000 €. Ahora llevas 120.000 € desembolsados sin ventas todavía, y con muy poco margen para cualquier imprevisto.

Gastas los mismos 20.000 €, pero son los únicos 20.000 € de tu propio dinero comprometidos en este ciclo.

Días 100-120 (Venta del stock)

Las ventas alcanzan los 400.000 €, pero los primeros 120.000 € se destinan a tapar el agujero. Tu próximo pedido espera hasta que se recupere ese margen.

Los pagos se descuentan automáticamente al 12 % de las ventas diarias, unos 48.000 € para el día 120, mientras tu efectivo operativo permanece intacto.

Día 120 (Situación actual)

Listo para volver a pedir en cuanto se recupere el colchón.

Listo para volver a pedir ahora mismo.

Ambas vías venden el mismo stock y generan el mismo margen. La diferencia está por completo en lo que puedes hacer durante el trimestre, y en la rapidez con la que puedes volver a moverte.

Lo incómodo del stock es que es un activo que se comporta como un gasto. Aparece en tu balance con buen aspecto mientras no hace absolutamente nada por tu capacidad de pagar una factura.

Y cuando haces un pedido de stock, ocurren tres cosas:

  • El dinero sale pronto. Un depósito del 30 % para iniciar la producción, el 70 % restante antes del envío y, después, el transporte y los aranceles. A menudo pasan entre tres y cinco meses desde la primera venta hasta que se liquida la última factura.

  • Todo lo demás se resiente. El efectivo inmovilizado en un contenedor es efectivo que no puedes usar para una campaña, una contratación o un segundo turno en el almacén. Los gastos no se detienen mientras esperas a que llegue el stock.

  • El crecimiento avanza a trompicones. Si tu próximo pedido depende de que se venda el anterior, siempre pides tarde, y así es exactamente como acabas sin stock justo en la semana de máxima demanda.

Sjoerd Huisman, Head of Product Management en Mollie, lleva dos décadas diseñando productos financieros para negocios europeos y escucha una versión de este problema constantemente.

«Los negocios con los que hablo no lo están pasando mal», explica. «Crecen rápido, son ambiciosos y tienen oportunidades reales delante. El problema siempre es el calendario: el dinero tiene que salir antes de volver a entrar, y en ese desfase es donde se atasca el crecimiento».

Cuenta el caso de un minorista cuyo marketing funcionaba casi demasiado bien. Las campañas en torno a fechas clave disparaban los pedidos, pero no había efectivo suficiente para mantener el stock necesario, así que las entregas se retrasaban y las reseñas empezaron a ser negativas. La demanda era real, pero el stock no daba abasto.

Un pedido de 100.000 € en 120 días: con y sin financiación basada en ingresos

La forma más clara de ver qué cambia es comparar el mismo pedido financiado de dos maneras distintas.

Imagina que haces un pedido de stock de 100.000 €; planeas destinar 20.000 € a marketing de captación en el día 90 para impulsar las ventas, y el stock acaba generando 400.000 € en ventas.


Financiado con tu propio efectivo

Financiado con financiación basada en ingresos

Días 1-60 (Formalización del pedido)

100.000 € salen de tu cuenta para depósitos y saldos de envío. Tu liquidez cae en el total del importe antes de que nada esté en la estantería.

Los 100.000 € proceden del anticipo. Tu propio saldo se queda donde está.

Día 90 (Campaña de marketing)

Gastas otros 20.000 €. Ahora llevas 120.000 € desembolsados sin ventas todavía, y con muy poco margen para cualquier imprevisto.

Gastas los mismos 20.000 €, pero son los únicos 20.000 € de tu propio dinero comprometidos en este ciclo.

Días 100-120 (Venta del stock)

Las ventas alcanzan los 400.000 €, pero los primeros 120.000 € se destinan a tapar el agujero. Tu próximo pedido espera hasta que se recupere ese margen.

Los pagos se descuentan automáticamente al 12 % de las ventas diarias, unos 48.000 € para el día 120, mientras tu efectivo operativo permanece intacto.

Día 120 (Situación actual)

Listo para volver a pedir en cuanto se recupere el colchón.

Listo para volver a pedir ahora mismo.

Ambas vías venden el mismo stock y generan el mismo margen. La diferencia está por completo en lo que puedes hacer durante el trimestre, y en la rapidez con la que puedes volver a moverte.

Lo incómodo del stock es que es un activo que se comporta como un gasto. Aparece en tu balance con buen aspecto mientras no hace absolutamente nada por tu capacidad de pagar una factura.

Y cuando haces un pedido de stock, ocurren tres cosas:

  • El dinero sale pronto. Un depósito del 30 % para iniciar la producción, el 70 % restante antes del envío y, después, el transporte y los aranceles. A menudo pasan entre tres y cinco meses desde la primera venta hasta que se liquida la última factura.

  • Todo lo demás se resiente. El efectivo inmovilizado en un contenedor es efectivo que no puedes usar para una campaña, una contratación o un segundo turno en el almacén. Los gastos no se detienen mientras esperas a que llegue el stock.

  • El crecimiento avanza a trompicones. Si tu próximo pedido depende de que se venda el anterior, siempre pides tarde, y así es exactamente como acabas sin stock justo en la semana de máxima demanda.

Sjoerd Huisman, Head of Product Management en Mollie, lleva dos décadas diseñando productos financieros para negocios europeos y escucha una versión de este problema constantemente.

«Los negocios con los que hablo no lo están pasando mal», explica. «Crecen rápido, son ambiciosos y tienen oportunidades reales delante. El problema siempre es el calendario: el dinero tiene que salir antes de volver a entrar, y en ese desfase es donde se atasca el crecimiento».

Cuenta el caso de un minorista cuyo marketing funcionaba casi demasiado bien. Las campañas en torno a fechas clave disparaban los pedidos, pero no había efectivo suficiente para mantener el stock necesario, así que las entregas se retrasaban y las reseñas empezaron a ser negativas. La demanda era real, pero el stock no daba abasto.

Un pedido de 100.000 € en 120 días: con y sin financiación basada en ingresos

La forma más clara de ver qué cambia es comparar el mismo pedido financiado de dos maneras distintas.

Imagina que haces un pedido de stock de 100.000 €; planeas destinar 20.000 € a marketing de captación en el día 90 para impulsar las ventas, y el stock acaba generando 400.000 € en ventas.


Financiado con tu propio efectivo

Financiado con financiación basada en ingresos

Días 1-60 (Formalización del pedido)

100.000 € salen de tu cuenta para depósitos y saldos de envío. Tu liquidez cae en el total del importe antes de que nada esté en la estantería.

Los 100.000 € proceden del anticipo. Tu propio saldo se queda donde está.

Día 90 (Campaña de marketing)

Gastas otros 20.000 €. Ahora llevas 120.000 € desembolsados sin ventas todavía, y con muy poco margen para cualquier imprevisto.

Gastas los mismos 20.000 €, pero son los únicos 20.000 € de tu propio dinero comprometidos en este ciclo.

Días 100-120 (Venta del stock)

Las ventas alcanzan los 400.000 €, pero los primeros 120.000 € se destinan a tapar el agujero. Tu próximo pedido espera hasta que se recupere ese margen.

Los pagos se descuentan automáticamente al 12 % de las ventas diarias, unos 48.000 € para el día 120, mientras tu efectivo operativo permanece intacto.

Día 120 (Situación actual)

Listo para volver a pedir en cuanto se recupere el colchón.

Listo para volver a pedir ahora mismo.

Ambas vías venden el mismo stock y generan el mismo margen. La diferencia está por completo en lo que puedes hacer durante el trimestre, y en la rapidez con la que puedes volver a moverte.

Lo incómodo del stock es que es un activo que se comporta como un gasto. Aparece en tu balance con buen aspecto mientras no hace absolutamente nada por tu capacidad de pagar una factura.

Y cuando haces un pedido de stock, ocurren tres cosas:

  • El dinero sale pronto. Un depósito del 30 % para iniciar la producción, el 70 % restante antes del envío y, después, el transporte y los aranceles. A menudo pasan entre tres y cinco meses desde la primera venta hasta que se liquida la última factura.

  • Todo lo demás se resiente. El efectivo inmovilizado en un contenedor es efectivo que no puedes usar para una campaña, una contratación o un segundo turno en el almacén. Los gastos no se detienen mientras esperas a que llegue el stock.

  • El crecimiento avanza a trompicones. Si tu próximo pedido depende de que se venda el anterior, siempre pides tarde, y así es exactamente como acabas sin stock justo en la semana de máxima demanda.

Sjoerd Huisman, Head of Product Management en Mollie, lleva dos décadas diseñando productos financieros para negocios europeos y escucha una versión de este problema constantemente.

«Los negocios con los que hablo no lo están pasando mal», explica. «Crecen rápido, son ambiciosos y tienen oportunidades reales delante. El problema siempre es el calendario: el dinero tiene que salir antes de volver a entrar, y en ese desfase es donde se atasca el crecimiento».

Cuenta el caso de un minorista cuyo marketing funcionaba casi demasiado bien. Las campañas en torno a fechas clave disparaban los pedidos, pero no había efectivo suficiente para mantener el stock necesario, así que las entregas se retrasaban y las reseñas empezaron a ser negativas. La demanda era real, pero el stock no daba abasto.

Un pedido de 100.000 € en 120 días: con y sin financiación basada en ingresos

La forma más clara de ver qué cambia es comparar el mismo pedido financiado de dos maneras distintas.

Imagina que haces un pedido de stock de 100.000 €; planeas destinar 20.000 € a marketing de captación en el día 90 para impulsar las ventas, y el stock acaba generando 400.000 € en ventas.


Financiado con tu propio efectivo

Financiado con financiación basada en ingresos

Días 1-60 (Formalización del pedido)

100.000 € salen de tu cuenta para depósitos y saldos de envío. Tu liquidez cae en el total del importe antes de que nada esté en la estantería.

Los 100.000 € proceden del anticipo. Tu propio saldo se queda donde está.

Día 90 (Campaña de marketing)

Gastas otros 20.000 €. Ahora llevas 120.000 € desembolsados sin ventas todavía, y con muy poco margen para cualquier imprevisto.

Gastas los mismos 20.000 €, pero son los únicos 20.000 € de tu propio dinero comprometidos en este ciclo.

Días 100-120 (Venta del stock)

Las ventas alcanzan los 400.000 €, pero los primeros 120.000 € se destinan a tapar el agujero. Tu próximo pedido espera hasta que se recupere ese margen.

Los pagos se descuentan automáticamente al 12 % de las ventas diarias, unos 48.000 € para el día 120, mientras tu efectivo operativo permanece intacto.

Día 120 (Situación actual)

Listo para volver a pedir en cuanto se recupere el colchón.

Listo para volver a pedir ahora mismo.

Ambas vías venden el mismo stock y generan el mismo margen. La diferencia está por completo en lo que puedes hacer durante el trimestre, y en la rapidez con la que puedes volver a moverte.

Cuándo tiene sentido un préstamo bancario y cuándo no

Nada de esto significa que la financiación bancaria sea mala; simplemente está pensada para otra cosa.

«Pides un préstamo bancario para lo estructural», dice Sjoerd. «Un almacén, maquinaria, algo que se amortiza en cinco o diez años. El fondo de maniobra es otra cuestión distinta: si puedes comprar el stock esta semana y venderlo en los próximos seis meses».

Existe también un desajuste estructural que merece la pena tener en cuenta. Los modelos de crédito bancario se diseñaron para negocios que poseen bienes físicos y fabrican productos. Un minorista moderno genera valor abasteciendo, combinando y moviendo stock, algo que no encaja en esa plantilla, por muy bien que le vaya.

«A estos negocios realmente no se les atiende bien», señala Sjoerd. «Y no es porque sean arriesgados: es que el modelo que usan los bancos para evaluar el riesgo no tiene en cuenta cómo crecen los negocios hoy».

Luego está la velocidad, que en retail suele decidir el resultado. Un lote de stock por el que compites con otros tres compradores es una decisión que se mide en días. Una solicitud bancaria se mide en semanas. Sjoerd pone el ejemplo de un negocio con el que trabajó Mollie que mantenía su línea de crédito ya dispuesta como efectivo en su propia cuenta, precisamente porque ni siquiera una aprobación el mismo día habría sido lo bastante rápida para las operaciones que perseguía.

También es sincero sobre la contrapartida: un préstamo bancario sale más barato. Lo que compras con la financiación basada en ingresos es velocidad y certeza sobre el coste. Una comisión fija, acordada antes de aceptar nada, que no cambia. Con un tipo de interés no sabes el coste real hasta que termina.

Nada de esto significa que la financiación bancaria sea mala; simplemente está pensada para otra cosa.

«Pides un préstamo bancario para lo estructural», dice Sjoerd. «Un almacén, maquinaria, algo que se amortiza en cinco o diez años. El fondo de maniobra es otra cuestión distinta: si puedes comprar el stock esta semana y venderlo en los próximos seis meses».

Existe también un desajuste estructural que merece la pena tener en cuenta. Los modelos de crédito bancario se diseñaron para negocios que poseen bienes físicos y fabrican productos. Un minorista moderno genera valor abasteciendo, combinando y moviendo stock, algo que no encaja en esa plantilla, por muy bien que le vaya.

«A estos negocios realmente no se les atiende bien», señala Sjoerd. «Y no es porque sean arriesgados: es que el modelo que usan los bancos para evaluar el riesgo no tiene en cuenta cómo crecen los negocios hoy».

Luego está la velocidad, que en retail suele decidir el resultado. Un lote de stock por el que compites con otros tres compradores es una decisión que se mide en días. Una solicitud bancaria se mide en semanas. Sjoerd pone el ejemplo de un negocio con el que trabajó Mollie que mantenía su línea de crédito ya dispuesta como efectivo en su propia cuenta, precisamente porque ni siquiera una aprobación el mismo día habría sido lo bastante rápida para las operaciones que perseguía.

También es sincero sobre la contrapartida: un préstamo bancario sale más barato. Lo que compras con la financiación basada en ingresos es velocidad y certeza sobre el coste. Una comisión fija, acordada antes de aceptar nada, que no cambia. Con un tipo de interés no sabes el coste real hasta que termina.

Nada de esto significa que la financiación bancaria sea mala; simplemente está pensada para otra cosa.

«Pides un préstamo bancario para lo estructural», dice Sjoerd. «Un almacén, maquinaria, algo que se amortiza en cinco o diez años. El fondo de maniobra es otra cuestión distinta: si puedes comprar el stock esta semana y venderlo en los próximos seis meses».

Existe también un desajuste estructural que merece la pena tener en cuenta. Los modelos de crédito bancario se diseñaron para negocios que poseen bienes físicos y fabrican productos. Un minorista moderno genera valor abasteciendo, combinando y moviendo stock, algo que no encaja en esa plantilla, por muy bien que le vaya.

«A estos negocios realmente no se les atiende bien», señala Sjoerd. «Y no es porque sean arriesgados: es que el modelo que usan los bancos para evaluar el riesgo no tiene en cuenta cómo crecen los negocios hoy».

Luego está la velocidad, que en retail suele decidir el resultado. Un lote de stock por el que compites con otros tres compradores es una decisión que se mide en días. Una solicitud bancaria se mide en semanas. Sjoerd pone el ejemplo de un negocio con el que trabajó Mollie que mantenía su línea de crédito ya dispuesta como efectivo en su propia cuenta, precisamente porque ni siquiera una aprobación el mismo día habría sido lo bastante rápida para las operaciones que perseguía.

También es sincero sobre la contrapartida: un préstamo bancario sale más barato. Lo que compras con la financiación basada en ingresos es velocidad y certeza sobre el coste. Una comisión fija, acordada antes de aceptar nada, que no cambia. Con un tipo de interés no sabes el coste real hasta que termina.

Nada de esto significa que la financiación bancaria sea mala; simplemente está pensada para otra cosa.

«Pides un préstamo bancario para lo estructural», dice Sjoerd. «Un almacén, maquinaria, algo que se amortiza en cinco o diez años. El fondo de maniobra es otra cuestión distinta: si puedes comprar el stock esta semana y venderlo en los próximos seis meses».

Existe también un desajuste estructural que merece la pena tener en cuenta. Los modelos de crédito bancario se diseñaron para negocios que poseen bienes físicos y fabrican productos. Un minorista moderno genera valor abasteciendo, combinando y moviendo stock, algo que no encaja en esa plantilla, por muy bien que le vaya.

«A estos negocios realmente no se les atiende bien», señala Sjoerd. «Y no es porque sean arriesgados: es que el modelo que usan los bancos para evaluar el riesgo no tiene en cuenta cómo crecen los negocios hoy».

Luego está la velocidad, que en retail suele decidir el resultado. Un lote de stock por el que compites con otros tres compradores es una decisión que se mide en días. Una solicitud bancaria se mide en semanas. Sjoerd pone el ejemplo de un negocio con el que trabajó Mollie que mantenía su línea de crédito ya dispuesta como efectivo en su propia cuenta, precisamente porque ni siquiera una aprobación el mismo día habría sido lo bastante rápida para las operaciones que perseguía.

También es sincero sobre la contrapartida: un préstamo bancario sale más barato. Lo que compras con la financiación basada en ingresos es velocidad y certeza sobre el coste. Una comisión fija, acordada antes de aceptar nada, que no cambia. Con un tipo de interés no sabes el coste real hasta que termina.

Cómo funciona la financiación basada en ingresos

Una vez aprobado, el proceso de la financiación basada en ingresos es sencillo y se repite igual sea cual sea el tamaño del anticipo. Así es como funciona:


  • Acuerdas una comisión fija por adelantado. Sabes el total que devolverás antes de aceptar un solo euro. Sin interés compuesto ni comisiones de gestión que aparecen después.

  • Recibes el capital de una sola vez, calculado a partir de tu historial de facturación, y lo destinas a lo que necesite el ciclo: depósitos, transporte, marketing.

  • Los pagos se descuentan automáticamente de las ventas diarias, normalmente entre un 15 % y un 25 % de lo que procesas. No hay que acordarse de nada, ni domiciliaciones que puedan devolverse.

  • El importe se ajusta a tu actividad. Semana fuerte, devolución más rápida. Semana floja, se descuenta menos.

Este último punto tiene una salvedad importante que es fácil pasar por alto, así que conviene decirlo con claridad: el porcentaje se ajusta, pero el plazo no. Cada anticipo tiene un periodo de devolución estimado, acordado desde el principio, y el saldo debe quedar liquidado al final de ese plazo.

Una vez aprobado, el proceso de la financiación basada en ingresos es sencillo y se repite igual sea cual sea el tamaño del anticipo. Así es como funciona:


  • Acuerdas una comisión fija por adelantado. Sabes el total que devolverás antes de aceptar un solo euro. Sin interés compuesto ni comisiones de gestión que aparecen después.

  • Recibes el capital de una sola vez, calculado a partir de tu historial de facturación, y lo destinas a lo que necesite el ciclo: depósitos, transporte, marketing.

  • Los pagos se descuentan automáticamente de las ventas diarias, normalmente entre un 15 % y un 25 % de lo que procesas. No hay que acordarse de nada, ni domiciliaciones que puedan devolverse.

  • El importe se ajusta a tu actividad. Semana fuerte, devolución más rápida. Semana floja, se descuenta menos.

Este último punto tiene una salvedad importante que es fácil pasar por alto, así que conviene decirlo con claridad: el porcentaje se ajusta, pero el plazo no. Cada anticipo tiene un periodo de devolución estimado, acordado desde el principio, y el saldo debe quedar liquidado al final de ese plazo.

Una vez aprobado, el proceso de la financiación basada en ingresos es sencillo y se repite igual sea cual sea el tamaño del anticipo. Así es como funciona:


  • Acuerdas una comisión fija por adelantado. Sabes el total que devolverás antes de aceptar un solo euro. Sin interés compuesto ni comisiones de gestión que aparecen después.

  • Recibes el capital de una sola vez, calculado a partir de tu historial de facturación, y lo destinas a lo que necesite el ciclo: depósitos, transporte, marketing.

  • Los pagos se descuentan automáticamente de las ventas diarias, normalmente entre un 15 % y un 25 % de lo que procesas. No hay que acordarse de nada, ni domiciliaciones que puedan devolverse.

  • El importe se ajusta a tu actividad. Semana fuerte, devolución más rápida. Semana floja, se descuenta menos.

Este último punto tiene una salvedad importante que es fácil pasar por alto, así que conviene decirlo con claridad: el porcentaje se ajusta, pero el plazo no. Cada anticipo tiene un periodo de devolución estimado, acordado desde el principio, y el saldo debe quedar liquidado al final de ese plazo.

Una vez aprobado, el proceso de la financiación basada en ingresos es sencillo y se repite igual sea cual sea el tamaño del anticipo. Así es como funciona:


  • Acuerdas una comisión fija por adelantado. Sabes el total que devolverás antes de aceptar un solo euro. Sin interés compuesto ni comisiones de gestión que aparecen después.

  • Recibes el capital de una sola vez, calculado a partir de tu historial de facturación, y lo destinas a lo que necesite el ciclo: depósitos, transporte, marketing.

  • Los pagos se descuentan automáticamente de las ventas diarias, normalmente entre un 15 % y un 25 % de lo que procesas. No hay que acordarse de nada, ni domiciliaciones que puedan devolverse.

  • El importe se ajusta a tu actividad. Semana fuerte, devolución más rápida. Semana floja, se descuenta menos.

Este último punto tiene una salvedad importante que es fácil pasar por alto, así que conviene decirlo con claridad: el porcentaje se ajusta, pero el plazo no. Cada anticipo tiene un periodo de devolución estimado, acordado desde el principio, y el saldo debe quedar liquidado al final de ese plazo.

Qué implica la financiación basada en ingresos para tu balance

Para un fundador o un director financiero, el tratamiento contable suele ser lo primero que se pregunta. Hay cuatro cosas que conviene entender.

La primera es cómo se interpreta el anticipo, más que si aparece o no en el balance. Aparece: un anticipo es un pasivo y figura en tu balance como cualquier otro. Lo que cambia es cómo lo lee quien evalúa tu negocio. Un pago que se ajusta a tus ventas tiene un perfil de riesgo distinto al de una cuota fija a cinco o diez años, porque lo que debes se mueve al ritmo de tu capacidad de pago. Inversores y prestamistas suelen valorarlo en consecuencia, como una obligación de ciclo corto y no como una deuda estructural que se extiende durante la próxima década de tus cuentas.

La segunda es qué efecto tiene sobre tu capacidad de endeudamiento futura. Nosotros evaluamos la elegibilidad según cómo operas con nosotros, así que no hay una consulta de crédito exhaustiva para conseguir un anticipo. Nada queda registrado en tu historial como ocurriría con la solicitud de un préstamo, y conservas el margen que quizá necesites más adelante para algo estructural. En algunos mercados hacemos una verificación de antecedentes, pero eso es distinto a una consulta exhaustiva de crédito.

La tercera es el tratamiento fiscal del capital en sí. En la mayoría de los casos, el anticipo no se considera ingreso sujeto a impuestos: no es facturación, así que no infla tu factura fiscal en el año en que lo recibes. Los detalles varían según dónde esté ubicado tu negocio, así que conviene consultarlo con tu asesor fiscal.

La cuarta es la comisión. Normalmente se trata como un gasto de la actividad, deducible en el periodo en que se incurre, lo que significa que el coste del anticipo reduce tu beneficio imponible en lugar de sumarse como un coste extra sin ninguna contrapartida.

Para un fundador o un director financiero, el tratamiento contable suele ser lo primero que se pregunta. Hay cuatro cosas que conviene entender.

La primera es cómo se interpreta el anticipo, más que si aparece o no en el balance. Aparece: un anticipo es un pasivo y figura en tu balance como cualquier otro. Lo que cambia es cómo lo lee quien evalúa tu negocio. Un pago que se ajusta a tus ventas tiene un perfil de riesgo distinto al de una cuota fija a cinco o diez años, porque lo que debes se mueve al ritmo de tu capacidad de pago. Inversores y prestamistas suelen valorarlo en consecuencia, como una obligación de ciclo corto y no como una deuda estructural que se extiende durante la próxima década de tus cuentas.

La segunda es qué efecto tiene sobre tu capacidad de endeudamiento futura. Nosotros evaluamos la elegibilidad según cómo operas con nosotros, así que no hay una consulta de crédito exhaustiva para conseguir un anticipo. Nada queda registrado en tu historial como ocurriría con la solicitud de un préstamo, y conservas el margen que quizá necesites más adelante para algo estructural. En algunos mercados hacemos una verificación de antecedentes, pero eso es distinto a una consulta exhaustiva de crédito.

La tercera es el tratamiento fiscal del capital en sí. En la mayoría de los casos, el anticipo no se considera ingreso sujeto a impuestos: no es facturación, así que no infla tu factura fiscal en el año en que lo recibes. Los detalles varían según dónde esté ubicado tu negocio, así que conviene consultarlo con tu asesor fiscal.

La cuarta es la comisión. Normalmente se trata como un gasto de la actividad, deducible en el periodo en que se incurre, lo que significa que el coste del anticipo reduce tu beneficio imponible en lugar de sumarse como un coste extra sin ninguna contrapartida.

Para un fundador o un director financiero, el tratamiento contable suele ser lo primero que se pregunta. Hay cuatro cosas que conviene entender.

La primera es cómo se interpreta el anticipo, más que si aparece o no en el balance. Aparece: un anticipo es un pasivo y figura en tu balance como cualquier otro. Lo que cambia es cómo lo lee quien evalúa tu negocio. Un pago que se ajusta a tus ventas tiene un perfil de riesgo distinto al de una cuota fija a cinco o diez años, porque lo que debes se mueve al ritmo de tu capacidad de pago. Inversores y prestamistas suelen valorarlo en consecuencia, como una obligación de ciclo corto y no como una deuda estructural que se extiende durante la próxima década de tus cuentas.

La segunda es qué efecto tiene sobre tu capacidad de endeudamiento futura. Nosotros evaluamos la elegibilidad según cómo operas con nosotros, así que no hay una consulta de crédito exhaustiva para conseguir un anticipo. Nada queda registrado en tu historial como ocurriría con la solicitud de un préstamo, y conservas el margen que quizá necesites más adelante para algo estructural. En algunos mercados hacemos una verificación de antecedentes, pero eso es distinto a una consulta exhaustiva de crédito.

La tercera es el tratamiento fiscal del capital en sí. En la mayoría de los casos, el anticipo no se considera ingreso sujeto a impuestos: no es facturación, así que no infla tu factura fiscal en el año en que lo recibes. Los detalles varían según dónde esté ubicado tu negocio, así que conviene consultarlo con tu asesor fiscal.

La cuarta es la comisión. Normalmente se trata como un gasto de la actividad, deducible en el periodo en que se incurre, lo que significa que el coste del anticipo reduce tu beneficio imponible en lugar de sumarse como un coste extra sin ninguna contrapartida.

Para un fundador o un director financiero, el tratamiento contable suele ser lo primero que se pregunta. Hay cuatro cosas que conviene entender.

La primera es cómo se interpreta el anticipo, más que si aparece o no en el balance. Aparece: un anticipo es un pasivo y figura en tu balance como cualquier otro. Lo que cambia es cómo lo lee quien evalúa tu negocio. Un pago que se ajusta a tus ventas tiene un perfil de riesgo distinto al de una cuota fija a cinco o diez años, porque lo que debes se mueve al ritmo de tu capacidad de pago. Inversores y prestamistas suelen valorarlo en consecuencia, como una obligación de ciclo corto y no como una deuda estructural que se extiende durante la próxima década de tus cuentas.

La segunda es qué efecto tiene sobre tu capacidad de endeudamiento futura. Nosotros evaluamos la elegibilidad según cómo operas con nosotros, así que no hay una consulta de crédito exhaustiva para conseguir un anticipo. Nada queda registrado en tu historial como ocurriría con la solicitud de un préstamo, y conservas el margen que quizá necesites más adelante para algo estructural. En algunos mercados hacemos una verificación de antecedentes, pero eso es distinto a una consulta exhaustiva de crédito.

La tercera es el tratamiento fiscal del capital en sí. En la mayoría de los casos, el anticipo no se considera ingreso sujeto a impuestos: no es facturación, así que no infla tu factura fiscal en el año en que lo recibes. Los detalles varían según dónde esté ubicado tu negocio, así que conviene consultarlo con tu asesor fiscal.

La cuarta es la comisión. Normalmente se trata como un gasto de la actividad, deducible en el periodo en que se incurre, lo que significa que el coste del anticipo reduce tu beneficio imponible en lugar de sumarse como un coste extra sin ninguna contrapartida.

Cómo puede ayudarte Mollie Capital

Mollie es una plataforma financiera que usan más de 250.000 negocios en toda Europa, y Mollie Capital es la financiación que diseñamos precisamente para este problema de calendario. Los negocios que cumplen los requisitos pueden acceder a entre 500 € y 500.000 €, evaluados según cómo operan realmente con nosotros y no según un conjunto de cuentas presentadas.

Como ya procesamos tus pagos, normalmente no hay que presentar nada. Si cumples los requisitos, la oferta te espera en tu dashboard, y puedes mover el control deslizante para elegir el importe que necesitas. Acéptala, y los fondos suelen llegar en uno o dos días hábiles. Los importes más elevados requieren una conversación y algo más de información, pero sigue siendo cuestión de días, no de semanas.

Otrium, el marketplace de moda online, usó Mollie Capital para cambiar su forma de comprar stock. Pasar de la consignación a la compra al por mayor implicaba comprar antes de que llegara la demanda, y sus bancos no podían moverse al ritmo que el negocio necesitaba. El capital financió el stock, y el stock impulsó un crecimiento de los ingresos de más del 20 % interanual en la segunda mitad del año.

«La rapidez con la que consigues financiación a través de Mollie, comparada con la de la banca tradicional, es sorprendente», dice Rutger van Boxtel, COO y General Counsel de Otrium. «Lo que diferencia a Mollie es que están lo bastante cerca del negocio como para ver de verdad qué empresas crecen en la dirección correcta; no se limitan a mirar si tienes un EBITDA positivo. Los bancos tradicionales aparecen cuando las cosas ya van bien; cuando más los necesitas, no están».

Y a medida que crecía el volumen de Otrium, Mollie volvió con mejores condiciones sin que nadie las pidiera.

«Nos ayudaron a crecer, y luego volvieron y compartieron esa mejora con nosotros», dice Rutger. «Eso no es algo que suceda con los proveedores tradicionales».

¿Eres nuevo en Mollie? Mollie Capital está disponible para usuarios de Mollie. Descubre cómo podemos ayudarte a empezar.

¿Ya eres cliente de Mollie? Comprueba si cumples los requisitos y consulta tu oferta directamente en tu dashboard, sin ninguna obligación de aceptar la financiación.

Mollie es una plataforma financiera que usan más de 250.000 negocios en toda Europa, y Mollie Capital es la financiación que diseñamos precisamente para este problema de calendario. Los negocios que cumplen los requisitos pueden acceder a entre 500 € y 500.000 €, evaluados según cómo operan realmente con nosotros y no según un conjunto de cuentas presentadas.

Como ya procesamos tus pagos, normalmente no hay que presentar nada. Si cumples los requisitos, la oferta te espera en tu dashboard, y puedes mover el control deslizante para elegir el importe que necesitas. Acéptala, y los fondos suelen llegar en uno o dos días hábiles. Los importes más elevados requieren una conversación y algo más de información, pero sigue siendo cuestión de días, no de semanas.

Otrium, el marketplace de moda online, usó Mollie Capital para cambiar su forma de comprar stock. Pasar de la consignación a la compra al por mayor implicaba comprar antes de que llegara la demanda, y sus bancos no podían moverse al ritmo que el negocio necesitaba. El capital financió el stock, y el stock impulsó un crecimiento de los ingresos de más del 20 % interanual en la segunda mitad del año.

«La rapidez con la que consigues financiación a través de Mollie, comparada con la de la banca tradicional, es sorprendente», dice Rutger van Boxtel, COO y General Counsel de Otrium. «Lo que diferencia a Mollie es que están lo bastante cerca del negocio como para ver de verdad qué empresas crecen en la dirección correcta; no se limitan a mirar si tienes un EBITDA positivo. Los bancos tradicionales aparecen cuando las cosas ya van bien; cuando más los necesitas, no están».

Y a medida que crecía el volumen de Otrium, Mollie volvió con mejores condiciones sin que nadie las pidiera.

«Nos ayudaron a crecer, y luego volvieron y compartieron esa mejora con nosotros», dice Rutger. «Eso no es algo que suceda con los proveedores tradicionales».

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Mollie es una plataforma financiera que usan más de 250.000 negocios en toda Europa, y Mollie Capital es la financiación que diseñamos precisamente para este problema de calendario. Los negocios que cumplen los requisitos pueden acceder a entre 500 € y 500.000 €, evaluados según cómo operan realmente con nosotros y no según un conjunto de cuentas presentadas.

Como ya procesamos tus pagos, normalmente no hay que presentar nada. Si cumples los requisitos, la oferta te espera en tu dashboard, y puedes mover el control deslizante para elegir el importe que necesitas. Acéptala, y los fondos suelen llegar en uno o dos días hábiles. Los importes más elevados requieren una conversación y algo más de información, pero sigue siendo cuestión de días, no de semanas.

Otrium, el marketplace de moda online, usó Mollie Capital para cambiar su forma de comprar stock. Pasar de la consignación a la compra al por mayor implicaba comprar antes de que llegara la demanda, y sus bancos no podían moverse al ritmo que el negocio necesitaba. El capital financió el stock, y el stock impulsó un crecimiento de los ingresos de más del 20 % interanual en la segunda mitad del año.

«La rapidez con la que consigues financiación a través de Mollie, comparada con la de la banca tradicional, es sorprendente», dice Rutger van Boxtel, COO y General Counsel de Otrium. «Lo que diferencia a Mollie es que están lo bastante cerca del negocio como para ver de verdad qué empresas crecen en la dirección correcta; no se limitan a mirar si tienes un EBITDA positivo. Los bancos tradicionales aparecen cuando las cosas ya van bien; cuando más los necesitas, no están».

Y a medida que crecía el volumen de Otrium, Mollie volvió con mejores condiciones sin que nadie las pidiera.

«Nos ayudaron a crecer, y luego volvieron y compartieron esa mejora con nosotros», dice Rutger. «Eso no es algo que suceda con los proveedores tradicionales».

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Mollie es una plataforma financiera que usan más de 250.000 negocios en toda Europa, y Mollie Capital es la financiación que diseñamos precisamente para este problema de calendario. Los negocios que cumplen los requisitos pueden acceder a entre 500 € y 500.000 €, evaluados según cómo operan realmente con nosotros y no según un conjunto de cuentas presentadas.

Como ya procesamos tus pagos, normalmente no hay que presentar nada. Si cumples los requisitos, la oferta te espera en tu dashboard, y puedes mover el control deslizante para elegir el importe que necesitas. Acéptala, y los fondos suelen llegar en uno o dos días hábiles. Los importes más elevados requieren una conversación y algo más de información, pero sigue siendo cuestión de días, no de semanas.

Otrium, el marketplace de moda online, usó Mollie Capital para cambiar su forma de comprar stock. Pasar de la consignación a la compra al por mayor implicaba comprar antes de que llegara la demanda, y sus bancos no podían moverse al ritmo que el negocio necesitaba. El capital financió el stock, y el stock impulsó un crecimiento de los ingresos de más del 20 % interanual en la segunda mitad del año.

«La rapidez con la que consigues financiación a través de Mollie, comparada con la de la banca tradicional, es sorprendente», dice Rutger van Boxtel, COO y General Counsel de Otrium. «Lo que diferencia a Mollie es que están lo bastante cerca del negocio como para ver de verdad qué empresas crecen en la dirección correcta; no se limitan a mirar si tienes un EBITDA positivo. Los bancos tradicionales aparecen cuando las cosas ya van bien; cuando más los necesitas, no están».

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Preguntas frecuentes: financiación basada en ingresos y Mollie Capital

¿Es la financiación basada en ingresos mejor que un préstamo bancario?

Depende totalmente de lo que vayas a comprar. Si vas a financiar algo estructural (un almacén, maquinaria, una contratación que se amortiza en cinco años), un préstamo bancario es el instrumento adecuado y te saldrá más barato. La financiación basada en ingresos está pensada para el ciclo corto: compras el inventario, lo vendes y pagas a medida que se vende. Se evalúa en función de tu actividad comercial en lugar de basarse en años de cuentas, el dinero llega en días en vez de semanas y no tiene por qué figurar en tu balance como deuda. Para ser honestos, lo que pagas es la rapidez y la certeza, y si merece la pena o no depende de lo que te costaría el retraso.

¿Qué pasa con los reembolsos si bajan mis ventas?

Los reembolsos se calculan como un porcentaje de las ventas que procesas, así que cuando los ingresos diarios bajan, la cantidad que devuelves disminuye con ellos. No hay una cuota mensual fija que tengas que pagar durante una semana floja.

Conviene tener claro dónde termina esa flexibilidad, porque esta es la parte que las empresas suelen pasar por alto. Cada adelanto viene con un periodo de reembolso previsto, acordado antes de aceptarlo. Dentro de ese plazo, tus ventas pueden subir y bajar, y tus reembolsos variarán con ellas. Lo que no cambia es la fecha de vencimiento. El adelanto debe estar pagado por completo para entonces, así que si la actividad comercial baja hasta el punto de que parece poco probable cumplir el plazo, habla con nosotros cuanto antes.

¿Qué tan rápido puedo recibir el dinero?

Si cumples los requisitos, ya tienes la oferta en tu dashboard de Mollie. No hay que rellenar ninguna solicitud ni, para la mayoría de las empresas, buscar papeleo. Acéptala y podrás tener los fondos en tu cuenta en cuestión de minutos. Las cantidades más grandes requieren un poco más de información y hablar con nuestro equipo, pero aun así estaríamos hablando de días en lugar de las semanas que tardaría un banco. Esa diferencia suele ser la clave: las ofertas de stock suelen caducar mucho antes de que se reúna un comité de crédito.

¿Hay intereses o alguna comisión sorpresa?

No. Acuerdas una comisión fija antes de aceptar cualquier cosa, y esa es la cifra real. Sin intereses compuestos, sin comisión de apertura, sin penalización por amortización anticipada, sin cargos que aparezcan en el cuarto mes. Lo hacemos de esta manera porque un tipo porcentual hace que el coste real sea difícil de calcular de antemano; solo sabes lo que te cuesta un préstamo una vez que ha terminado. Aquí lo sabes antes de empezar. Puedes consultar nuestro artículo de ayuda para obtener más información.

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